El agua de riego es un recurso muy valioso y escaso. Por eso, aprovéchala al máximo, adaptando su uso a aquellos condicionantes propios del verano.

Como seguramente habrás podido comprobar si sueles mantenerte informado de las publicaciones que periódicamente llevamos a cabo en nuestro blog y perfiles en redes sociales, desde hace ya algunas semanas hemos decidido concentrar nuestra atención en aquellos aspectos asociados a tu actividad agrícola diaria a los que es conveniente que prestes una especial atención durante estos meses de verano.

El hecho de que la estación estival se caracterice por un incremento significativo de las temperaturas, que en algunas zonas de nuestro país llegan a alcanzar valores extremos, nos ha llevado a reflexionar contigo sobre aquellas medidas que pueden ayudarte a adaptar tu trabajo diario a este condicionante, y muy especialmente en relación al riesgo de compactación excesiva del suelo, a la posibilidad de proliferación de plagas debido al calor o a las necesarias medidas a tener en cuenta para incrementar tu prevención de riesgos laborales y evitar accidentes.

En este sentido, hoy queremos ir un paso más allá en este ámbito, mostrándote a continuación qué actuaciones pueden contribuir a que incrementes lo más posible el aprovechamiento del agua que utilizas para el riego de tus cultivos durante el verano:

  • En primer lugar, recuerda la importancia de plantearte la instalación de sistemas localizados de riego, que no solo realizan un uso mucho más eficiente del agua, sino que, además, favorecen la protección de los cultivos al reducir el riesgo de escorrentía y de generación de una humedad excesiva sobre la planta.
  • Ten en cuenta que las altas temperaturas influyen de forma notable en la evaporación del agua empleada para el riego de tus cultivos. Por eso, siempre que sea posible, selecciona aquel momento del día en el que las temperaturas sean más suaves, como puede ser el amanecer o el atardecer.
  • También será sumamente importante que apliques a cada especie vegetal la cantidad y frecuencia de riego que requiera específicamente para su desarrollo y crecimiento óptimo, evitando así que pueda verse afectada tanto por exceso como por defecto.
  • Para finalizar, y en base a las recomendaciones anteriores, trata de adaptar lo más posible el riego de tus cultivos a las condiciones externas presentes en cada momento. Así, si bien lo más habitual durante estas semanas es que tu parcela esté sometida a los efectos de las altas temperaturas, modifica tus actuaciones si observas previsiones de cambios en la meteorología, que puedan desembocar en lluvias localizadas o en un descenso gradual de las temperaturas y, por tanto, de los niveles de evaporación.

 

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