La digitalización de la agricultura es uno de los principales retos a afrontar durante esta década, asumiendo el reto de aunar tradición e innovación.

Nuestro sector agrícola ha experimentado, en los últimos años, un más que considerable avance en todo lo referente a la incorporación de innovaciones en materia de sanidad vegetal y en cuanto a la tecnificación de la práctica totalidad de procesos, a partir de la introducción de maquinaria y equipos de nueva generación.

No obstante, para que nuestra agricultura se adapte plenamente a los tiempos que vivimos, y pueda alcanzar todo el potencial que permite un sector con tan pujante en todos los sentidos y a todos los niveles, todavía es indispensable seguir avanzando hacia su plena digitalización durante esta próxima década.

En una sociedad como la actual, en la que las tecnologías de la información y la comunicación han pasado a ser un elemento imprescindible en nuestra vida diaria, se echa de menos, en cierto modo, que estas innovaciones a nivel digital se incorporen de forma generalizada al funcionamiento habitual de la práctica totalidad de nuestras explotaciones agrícolas.

En este punto, es preciso tener en cuenta que nuestro sector agrícola se caracteriza, a día de hoy, por una estructura en la que predominan las pequeñas explotaciones, con un marcado carácter familiar, lo que complica en cierta manera su capacidad para hacer frente a la inversión que supone la transformación digital de sus procesos.

Por ello, si se quiere seguir avanzando hacia una agricultura aún más productiva, competitiva, generadora de empleo y sostenible, las distintas instituciones deberían plantearse la definición de mayores líneas de apoyo en este ámbito, dado el extraordinario papel dinamizador que tiene la tecnología en cada uno de estos ámbitos.

En este sentido, tomando como referencia el objetivo de la Comisión Europea de promover una recuperación digital y ecológica a la crisis actual, desde la industria fitosanitaria europea, de la que formamos parte, nos hemos comprometido a promover la innovación y el desarrollo de herramientas digitales y de precisión, así como el fomento de nuevas biosoluciones en la agricultura durante la próxima década.

El desarrollo, de aquí al año 2030, de inversiones por valor de 10.000 millones de euros en innovación y diseño de tecnologías digitales y de precisión, y otros 4.000 millones para el desarrollo de biosoluciones, es la mejor forma que tenemos de demostrar nuestro compromiso con el desarrollo y futuro de la agricultura.

Pero, para que sea posible que estas inversiones consigan la transformación digital definitiva del sector agrícola en el conjunto de la Unión Europea, será indispensable que cuenten, a su vez, con un marco regulatorio favorable, que contribuya a que la innovación sea accesible, de una forma efectiva, a nuestros agricultores.

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