La Unión Europea ha manifestado la necesidad de agilizar el transporte de productos agrícolas entre los Estados miembro, a través de carriles verdes.

Prácticamente desde el mismo inicio de la crisis motivada por la pandemia global del coronavirus Covid-19, y más concretamente desde su agravamiento en nuestro país, no ha existido ningún tipo de duda sobre la consideración del sector agroalimentario como un agente esencial para amortiguar lo más posible el golpe sufrido, de forma súbita, por nuestra sociedad.

No obstante, sí que se ha observado un cierto desajuste inicial en relación a aquellos sectores cuya razón de ser reside en servir de apoyo estratégico fundamental a la labor agrícola, tanto en su fase inicial de producción como en relación a la necesaria distribución y disponibilidad de los productos agropecuarios en los puntos de venta.

En primer lugar, pasados solo unos días desde la declaración del Estado de Alarma, el pasado 14 de marzo, se hizo necesaria la intervención directa del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para garantizar la consideración estratégica de aquellas actividades dirigidas a dotar de recursos al sector agrícola, como son las empresas dedicadas a la producción y distribución de semillas y plantas de vivero, productos fitosanitarios, otros medios de defensa fitosanitaria y fertilizantes, y cualquier otro tipo de insumo necesario para garantizar el correcto funcionamiento de la cadena alimentaria.

Aun así, esta garantía de apoyo al sector agrario no se ha visto completada, hasta hace tan solo unos días, con la confirmación por parte de la Unión Europea de la necesidad de que el transporte de productos frescos entre los distintos Estados miembro no esté sujeto a las restricciones de circulación transfronteriza derivadas de esta alerta sanitaria, para garantizar así el abastecimiento alimentario del conjunto de la población comunitaria.

Para ello, se han habilitado lo que se ha dado en denominar como Carriles Verdes, dirigidos a agilizar al máximo los trámites de control e inspección sanitaria en los pasos fronterizos, para facilitar el suministro óptimo de alimentos desde los países productores hacia aquellos en los que existe una demanda que no puede ser satisfecha por su producción agraria nacional.

En este sentido, la consideración como carriles verdes de los pasos fronterizos interiores en el territorio de la Unión Europea, si bien se limita estrictamente a la circulación de mercancías, servirá para agilizar la llegada de los productos alimentarios a su destino, reduciendo al mínimo el riesgo de que un exceso de celo pueda desembocar en problemas de envergadura en cuanto a la satisfacción de la demanda de aquellos países con mayores limitaciones en cuanto a su capacidad agrícola interna.

Del mismo modo, esta decisión supone un cierto alivio para la salida comercial de la producción agroalimentaria de nuestro país, una de las principales potencias exportadoras en el conjunto del territorio comunitario, y que esperemos que sirva para reducir el impacto que sobre nuestra economía está teniendo esta crisis sanitaria.

A modo de reflexión final, el establecimiento de los carriles verdes en el seno de la Unión Europea refleja claramente la interconexión y visión conjunta que muchos esperamos que debe imperar entre los distintos Estados miembro, en contraposición a aquellas posturas, afortunadamente minoritarias, que no desaprovechan este tipo de situaciones excepcionales para desenterrar viejas rencillas obsoletas y con un marcado carácter localista e insolidario.