Si bien nuestra agricultura ha mostrado una encomiable implicación en esta crisis sanitaria, también necesita alcanzar cuanto antes la ‘nueva normalidad’.

No cabe duda de que la situación actual, derivada de la crisis sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19, ha puesto de manifiesto la extraordinaria importancia del sector agrícola como actividad esencial para el bienestar de nuestra sociedad.

Durante estos dos últimos meses, marcados por la adopción de medidas excepcionales para incrementar la protección de la población frente al coronavirus, nuestros agricultores han demostrado, una vez más, su implicación y esfuerzo incansable para garantizar el abastecimiento alimentario, aun a sabiendas del riesgo asociado al desarrollo de su trabajo diario en sus tierras de cultivo.

En este punto, y aunque la agricultura es una de las ocupaciones que no ha paralizado su actividad durante este periodo de ralentización radical de nuestra economía, la puesta en marcha de las medidas dirigidas a la ‘desescalada’ de este confinamiento se convierte en un elemento de especial trascendencia también para el sector agrícola.

En primer lugar, el desarrollo de actuaciones encaminadas a alcanzar la ‘nueva normalidad’ ha permitido que muchos agricultores puedan desplazarse por fin a sus explotaciones de carácter familiar o dedicadas al autoconsumo, ya que la accesibilidad ha estado restringida exclusivamente, hasta el pasado 1 de mayo, a los cultivos orientados a la producción agrícola para el abastecimiento de productos alimentarios.

De igual forma, el avance hacia la ‘nueva normalidad’, como culminación del proceso de desescalada, también contempla la reapertura de mercados agroalimentarios de proximidad que, desde hace décadas, se llevan a cabo en infinidad de municipios de nuestro país, y cuya realización no ha sido posible durante este tiempo debido a las medidas de confinamiento y aislamiento social.

Asimismo, la flexibilización en las medidas de libre desplazamiento de la población y la necesaria recuperación de otros sectores en los que trabajan cientos de miles de personas en nuestro país, son aspectos esenciales para incentivar de nuevo el consumo de productos agroalimentarios que, como muchos otros productos, se han visto afectados durante este periodo de crisis sanitaria e incertidumbre por la contracción del gasto en los hogares y la paralización total del canal HORECA.

Para finalizar, no debemos olvidar la extraordinaria importancia que tiene para nuestra agricultura el libre desplazamiento y movilidad de los trabajadores que desarrollan su actividad laboral en los múltiples temporadas de recolección que tienen lugar en nuestro territorio, y que requieren de mano de obra especializada procedente de otros puntos de nuestra geografía, e incluso de otros países, para garantizar la extraordinaria calidad y reconocimiento de nuestra producción agrícola a nivel mundial.