Los avances en digitalización también están influyendo muy positivamente en el apoyo que ejerce la sanidad vegetal al desarrollo de nuestra agricultura.

La agricultura, así como los diferentes sectores que la proveen de aquellos recursos e insumos para su desarrollo óptimo, entre los que se encuentra la sanidad vegetal, no son ajenos al extraordinario proceso de digitalización que ha experimentado, y seguirá experimentando, nuestra sociedad en las últimas décadas.

Muy al contrario de lo que se suele pensar en aquellos ámbitos que no conocen el sector agrícola de primera mano, y que lo suelen asociar exclusivamente a un conjunto de actividades con una marcada influencia de la tradición y la transmisión de conocimientos de generación en generación, toda esta riqueza y patrimonio cultural se están combinando a la perfección con la incorporación de avances tecnológicos de última generación, permitiendo a nuestra agricultura seguir siendo, a día de hoy, un auténtico referente a nivel mundial.

En este sentido, hoy queremos aprovechar este espacio de comunicación contigo para reflexionar sobre las múltiples aplicaciones que tanto los drones como otros sistemas autónomos pueden ofrecer en el ámbito de la sanidad vegetal de los cultivos y, por extensión, a la mejora de nuestra actividad agrícola diaria:

  • En primer lugar, la instalación de sistemas autónomos, así como la utilización periódica de drones como herramienta de control de los cultivos, permite realizar un seguimiento prácticamente exhaustivo de los elementos que pueden condicionar el crecimiento óptimo de las cosechas, como son la satisfacción eficiente de sus necesidades de riego o nutrición, a partir de los elementos presentes en el suelo, identificando la posibilidad de aplicar mejoras en tiempo real que garanticen su desarrollo.
  • Del mismo modo, la vigilancia que ejercen los drones y sistemas autónomos sobre los cultivos también permite la detección temprana de cambios fisiológicos en las plantas que puedan estar motivados por la aparición de plagas y enfermedades, permitiendo actuar de una forma mucho más rápida y selectiva, sobre todo en aquellas explotaciones agrícolas que se caracterizan por su difícil acceso o capacidad de supervisión visual convencional.
  • Y, además, la aplicabilidad de estos sistemas para favorecer la sanidad vegetal de los cultivos también posibilita una mejora ostensible en términos de sostenibilidad, ya que, al mostrar un diagnóstico más focalizado y ajustado a la realidad en cada momento, permite la puesta en marcha de actuaciones casi inmediatas e individualizadas sobre cada planta, evitando tanto un gasto innecesario de recursos como el empleo de productos y tratamientos en zonas de cultivo sanas o en el entorno medioambiental próximo a la explotación agrícola.
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