Una gran parte de la responsabilidad en cuanto al bienestar que disfrutamos a día de hoy reside en la aportación de la sanidad vegetal al sector agrícola.

En indudable que, en las últimas décadas, nuestra sociedad ha experimentado un considerable crecimiento de sus condiciones de bienestar y calidad de vida, en gran parte gracias a la mejora en la accesibilidad de la población a alimentos cada vez más saludables y seguros.

Nuestra agricultura ofrece unas condiciones cada vez más propicias tanto en términos de producción como en cuanto a la calidad de los productos, lo que repercute muy positivamente en la posibilidad de contar con mejores alimentos y, al mismo tiempo, a un precio mucho más asequible para los consumidores, facilitando así el desarrollo de una dieta más completa, equilibrada y accesible para todos.

Y una gran parte de la responsabilidad en este desarrollo positivo de la producción agrícola, a todos los niveles, reside en el imprescindible y silencioso apoyo que ofrece la sanidad vegetal en todo este proceso, contribuyendo a plantar cara con éxito a aquellas amenazas que no solo suponen un peligro para el desarrollo de las cosechas a corto plazo, sino que, si no se tomasen las medidas adecuadas, implicarían un enorme riesgo para el abastecimiento alimentario a medio y largo plazo.

Por este motivo, desde AEPLA consideramos necesario aprovechar que nos encontramos en las últimas semanas de este año, que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) decidió en su momento reconocer como Año Internacional de la Sanidad Vegetal, para hacer justicia a los esfuerzos que día tras día realizan todos los agentes que forman parte de este sector, dirigidos en cuerpo y alma al desarrollo de soluciones cada vez más efectivas y sostenibles para hacer frente a aquellas amenazas que podrían poner en riesgo el futuro de nuestra agricultura.

El hecho de contar con mejores recursos en todos los sentidos justifica que también se incremente nuestro espíritu crítico y de exigencia hacia los productos que consumimos, y esto es tremendamente positivo. Pero no sería correcto, ni justo, confundir esta mayor exigencia con la tentación de renegar de todo lo que nos ha permitido alcanzar nuestro nivel de progreso actual.

Tal y como expresó recientemente Bernhard Url, Director de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, “la gente suele pensar que los alimentos de hoy no son iguales a los de nuestros abuelos, y lleva razón. Son muchísimos mejores”.