La sanidad vegetal es uno de los pilares sobre los que se sustenta el futuro de la agricultura y, por tanto, su capacidad de contribuir a un mundo mejor.

Cuando se habla de la relación existente entre la agricultura y aquellas técnicas y soluciones de sanidad vegetal concebidas para la protección de los cultivos, se suele limitar este aspecto a la búsqueda de una mayor productividad, hasta el punto de asociar esta simbiosis a criterios exclusivamente económicos.

Si bien sería absurdo negar que este es uno de los aspectos que explican la importancia de la sanidad vegetal en la agricultura actual, ya que de ello depende la continuidad y supervivencia de muchas explotaciones, no se puede reducir el papel de la protección de cultivos a este único factor, ya que se estaría pecando de una visión altamente reduccionista y sesgada, que no se ajusta en modo alguno a la realidad.

Aunque debemos confesar que no somos totalmente objetivos en este sentido, ya que somos unos auténticos convencidos de todo el potencial de la sanidad vegetal y su importancia para el bienestar de nuestra sociedad, desde organismos internacionales que destacan por su neutralidad en este sentido, como es el caso de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se ha puesto de manifiesto, de forma expresa, la importancia esencial que la sanidad vegetal tiene, y tendrá en el futuro, para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible recogidos en la Agenda 2030, promovida por la ONU.

Apostar por una adecuada protección de los cultivos no solo implica contribuir a la mejora de la productividad de los cultivos desde una perspectiva mercantilista, sino también permitir que este aumento de la disponibilidad de alimentos sea una de las piedras angulares para garantizar un abastecimiento alimentario adecuado y accesible para la población mundial, avanzando así hacia la erradicación de la pobreza en nuestro planeta.

Y no solo eso. La protección de los cultivos también supone un paso imprescindible para avanzar hacia un mundo más sostenible, sobre todo si tenemos en cuenta que, según los datos aportados por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), alrededor de un 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen cada año tienen su origen en el desperdicio alimentario, y cerca de un tercio de este desperdicio se genera en la fase de producción agrícola, debido a la acción de plagas, enfermedades y malas hierbas.

En definitiva, es innegable que una de las principales razones de ser de la sanidad vegetal es contribuir a mejorar la productividad de la agricultura, al igual que también es justo reconocer que esta simbiosis es básica para seguir dando pasos para conseguir avanzar hacia un mundo mejor para todos.

 

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