Optar por una alimentación segura y saludable requiere que pongas de tu parte para garantizar una conservación optima de los alimentos que consumes.

Hoy en día, disfrutamos de unos niveles de bienestar y calidad de vida que, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, resultarían impensables hace tan solo unas décadas, gracias a los continuos avances que se van produciendo en ámbitos tan relevantes como nuestra alimentación.

En este sentido, es totalmente normal que cada vez seamos más cuidadosos y exigentes con todo aquello que consumimos, principalmente por el hecho de que disponemos de una espectacular oferta de productos alimenticios de primera calidad a la hora de tomar nuestra decisión de compra, y esto nos permite seleccionar aquellos que consideramos más seguros y saludables.

No obstante, es conveniente que tengamos presente que la seguridad, sostenibilidad o carácter saludable de un alimento no se limita únicamente a su origen y trazabilidad a lo largo de su proceso de producción, sino que estos aspectos también estarán condicionados al comportamiento que llevas a cabo desde que realizas su recolección o compra hasta que finalmente lo consumes.

En base a esta reflexión, desde AEPLA hoy queremos concentrar nuestra atención en este último eslabón de todo el proceso que se inicia en el campo y que finaliza en tu mesa, mostrándote qué medidas puedes poner en práctica para contribuir a garantizar la seguridad, salubridad y sostenibilidad de los productos agrícolas que incorporas en tu alimentación cada día:

  • En primer lugar, queremos comenzar este repaso animándote a consumir productos de proximidad y de temporada, siempre que sea posible. De esta forma no solo estarás optando por alimentos con un mayor carácter saludable y sostenible, sino que, además, estarás contribuyendo a fomentar el empleo y desarrollo rural de nuestro territorio.
  • A partir de este primer consejo, y una vez realizada tu compra, será preciso que tengas presente la importancia de conservar adecuadamente los productos adquiridos, sobre todo si no tienes pensado consumirlos inmediatamente. Ten en cuenta que cada alimento requiere de unas condiciones óptimas para ofrecer todas sus propiedades y, al mismo tiempo, evitar que se ponga en mal estado prematuramente.
  • Por este motivo, dedica el tiempo necesario a organizar tus alimentos de forma correcta y cuidar al máximo la limpieza de aquellos espacios en los que se encuentren almacenados, como tu frigorífico o despensa.
  • En el caso de los alimentos crudos, como las verduras, hortalizas y frutas, recuerda siempre lavarlos previamente a su consumo, al igual que los utensilios que vas a utilizar para su elaboración y las superficies que estarán en contacto con ellos.
  • En este sentido, lo ideal es utilizar un cuchillo y una tabla diferente para cada tipo de alimento, para así evitar la posible transmisión de impurezas y bacterias nocivas para tu salud.
  • Del mismo modo, evita dejar tus alimentos cocinados en la olla o sartén en la que has realizado su elaboración. Una vez preparados, lo más aconsejable es que los conserves hasta su consumo en un recipiente preparado específicamente para garantizar su protección en las mejores condiciones.
  • Para finalizar, solo nos queda recomendarte que prestes atención a mantener una separación adecuada entre tus alimentos crudos y cocinados, para reducir el riesgo de que se generen reacciones cruzadas que afecten a su estado y puedan acelerar su descomposición, afectando a su calidad.