Es indudable que el 2020 es un año que a todos nos gustaría olvidar lo antes posible. Pero, a su vez, nos deja comportamientos que son dignos de recordar.

Por todo lo ocurrido a lo largo de estos últimos doce meses, no cabe duda de que este 2020 que está a punto de finalizar se puede considerar como un año para olvidar.

La pandemia global de Covid-19 que llegó a nuestro territorio a mediados de febrero no solo ha supuesto un giro radical en nuestros planes para este año y nuestra forma de entender la vida, sino que también está afectando a la estabilidad y futuro laboral de muchísimas personas en nuestro país y, lo que es más importante, o lo único importante, está generando unos daños irreparables en lo referente al número de contagios y personas fallecidas.

No existen las palabras para poder expresar con la cercanía y el cariño que nos gustaría la solidaridad y empatía que sentimos desde AEPLA hacia todas las familias que se han visto, y se están viendo, afectadas por los efectos de este maldito coronavirus.

Pero más allá de todos estos aspectos, que siempre estarán presentes en nuestra memoria, consideramos igualmente justo incidir en que este 2020 también debe ser un año que nos sirva para recordar como aquellos sectores, relacionados directa o indirectamente con actividades esenciales para nuestra sociedad, han dado en todo momento lo mejor de ellos mismos para minimizar los daños y repercusiones provocados por la pandemia de Covid-19.

En este sentido, en el ámbito que nos es más próximo, tanto el sector agrícola como el resto de actividades que conforman la cadena agroalimentaria pueden considerarse como un ejemplo palpable de cómo afrontar una crisis de esta envergadura, con la serenidad y el aplomo necesario para garantizar que todo lo ocurrido no afectase, en modo alguno, a algo tan imprescindible como es el abastecimiento alimentario de la población.

Todo esto no implica que los diferentes eslabones del sector agroalimentario en nuestro país no estén sujetos a sus propios riesgos, ni tampoco que las preocupaciones, problemas y amenazas que les afectan hayan dejado de tener influencia sobre su día a día, sino más bien que se trata de un sector responsable y maduro, que no tiene ninguna duda en anteponer el interés general por encima del beneficio propio.

Por eso, como hemos querido resaltar a través del título de esta reflexión en voz alta, está claro que el año 2020 es un año para olvidar, pero también para reconocer y recordar todo lo bueno que, de forma individual y conjunta, han hecho aquellas personas con las que compartimos, en muchas ocasiones sin darnos cuenta, nuestro día a día.