La celebración del Día Internacional de las Mujeres Rurales debe servirnos para seguir avanzando hacia una sociedad más justa e igualitaria en este ámbito.

Hoy, 15 de octubre, es un día que debemos considerar de especial relevancia para todos aquellos que nos dedicamos, de una forma o de otra, al ámbito de la agricultura y demás actividades relacionadas con la cadena alimentaria, ya que es la fecha elegida por la Organización de las Naciones Unidas para conmemorar la extraordinaria importancia de las mujeres rurales en el desarrollo y bienestar de nuestra sociedad.

Este reconocimiento se hace mucho más necesario, si cabe, en un año tan atípico como está siendo este 2020, en el que la crisis sanitaria, económica y social motivada por la pandemia global de Covid-19 nos ha hecho abrir los ojos de nuevo y recuperar la necesaria valoración hacia aquellas actividades esenciales que se desarrollan, día a día, en el ámbito rural, y sin las cuáles no sería posible concebir el desarrollo de nuestra sociedad actual.

Llama poderosamente la atención que en un entorno social en el que el protagonismo de nuestro día a día está cada vez más asociado a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, todos estos avances estén soportados, de una forma callada y silenciosa, por una actividad milenaria que diariamente llevan a cabo multitud de hombres y mujeres tanto en nuestro país como en el resto del planeta.

En este sentido, la celebración de este Día Internacional de las Mujeres Rurales debe servirnos para poner de manifiesto el incansable trabajo que las mujeres que residen en ámbitos rurales realizan diariamente para contribuir tanto al desarrollo de su entorno más cercano como para el bienestar de nuestra sociedad en su conjunto.

No obstante, el hecho de elegir este día al año para mostrar el protagonismo clave que las mujeres ejercen para contribuir al desarrollo de las zonas rurales, ya sea a través de actividades agrícolas o de cualquier otra índole, no debe limitarse únicamente a poner en valor este aspecto, sino que también debe tomarse como una llamada de atención ante la necesidad de promover acciones que favorezcan el emprendimiento y empoderamiento de las mujeres en el ámbito rural.

En la medida en que se actúe desde las diferentes instituciones nacionales e internacionales para derribar aquellas barreras que, todavía hoy, dificultan la plena igualdad de la mujer en múltiples zonas rurales del planeta, se incrementará aún más el enorme potencial humano de estos territorios y, al mismo tiempo, estaremos avanzando hacia un mundo más justo y equitativo.