Nuestro sector agrícola se está comportando de una forma ejemplar en la actual crisis motivada por el Covid-19. Por eso hay que protegerla como merece.

Los últimos acontecimientos ocurridos tanto en nuestro país como a nivel global han puesto de manifiesto la extraordinaria importancia que tiene la agricultura como actividad esencial para garantizar en todo momento el bienestar de nuestra sociedad.

El desarrollo que se ha experimentado en las últimas décadas en múltiples sectores de nuestro tejido productivo y empresarial, sobre todo a partir de la revolución generada por los avances en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ha ocasionado que, en cierto modo, desviemos la mirada de una actividad como la agricultura, que nos viene acompañando desde los comienzos de nuestra civilización y que, al mismo tiempo, ha sabido adaptarse a las demandas y necesidades que en cada momento se requerían de ella, sin hacer más ruido del estrictamente necesario.

No obstante, aunque quizás se haya actuado con la agricultura como con aquello que se sabe que se tiene y, por tanto, no se valora como se merece, nuestros agricultores y agricultoras han vuelto a demostrar, como siempre, su implicación total con la estabilidad de una sociedad aturdida por los efectos del Covid-19, garantizando en todo momento el acceso de la población a los productos agrícolas en unas condiciones similares a cualquier otro momento, aun con los riesgos que esto pudiera suponer para su integridad personal.

Este comportamiento ejemplar debe servirnos a todos de reflexión para tomar conciencia del extraordinario, y silencioso, papel que la agricultura juega como elemento dinamizador de nuestro desarrollo y bienestar, y de la importancia que tiene tomar todas las medidas a nuestro alcance para contar con un sector agrícola fuerte y competitivo, que vuelva a servir como ‘dique de contención’ en aquellos momentos en los que todo lo demás parece tambalearse.

En la medida en que protejamos nuestra agricultura, y la dotemos de los recursos y el reconocimiento que merece para seguir siendo un referente a nivel global, no solo estaremos devolviéndole una parte de lo que nos aporta cada día, sino que, al mismo tiempo, estaremos sentando las bases para garantizar la estabilidad de nuestro desarrollo, bienestar y calidad de vida a medio y largo plazo.