Conoce las características y necesidades de protección de los cultivos de la familia de las anonáceas, entre los que destaca en nuestro país el chirimoyo.

A lo largo de las últimas semanas hemos aprovechado este espacio para contribuir a que conozcas un poco más de cerca las características básicas de algunas de las familias de cultivos con una mayor representatividad dentro de nuestra agricultura, como son las rutáceas, las rosáceas, las vitáceas o las oleáceas, por citar solo algunos ejemplos.

En este sentido, dentro de este repaso es preciso reservar un lugar especial a aquellos cultivos que, a pesar de tener una presencia algo más minoritaria, también suponen un símbolo cada vez más representativo de nuestro sector agrícola, como es el caso de las frutas tropicales, y en concreto el chirimoyo, perteneciente a la familia de las anonáceas.

La familia de las anonáceas está compuesta por más de 2.300 especies que, a pesar de estar presentes en los diferentes continentes de nuestro planeta, encuentran su hábitat ideal en zonas geográficas que se caracterizan por un clima tropical o subtropical, marcado por temperaturas relativamente suaves, sin grandes oscilaciones térmicas, y un nivel de humedad ambiental relativamente elevado, si bien en nuestro país únicamente se puede considerar como especie con un arraigo destacable el citado cultivo del chirimoyo, concentrado prácticamente en su totalidad en el sureste de la península.

Ante la presencia de estas condiciones climáticas, los cultivos de anonáceas encuentran un espacio proclive para su desarrollo, sin contar con unos requerimientos elevados en cuanto a las características del suelo agrícola. No obstante, sí que es cierto que ofrecen un mejor rendimiento en suelos con una alta concentración de materia orgánica, bien drenados y ricos en calcio.

Asimismo, a pesar de que se podría considerar que su hábitat ideal ofrece un escenario con unas condiciones más favorables para la presencia y proliferación de plagas, los cultivos de anonáceas no muestran una especial sensibilidad a amenazas específicas, más allá de la mosca de la fruta o la cochinilla.

En cuanto a las enfermedades con una mayor probabilidad de desarrollo en este tipo de cultivos, será preciso prestar una especial atención a la posible aparición de aquellos hongos responsables de la podredumbre del cuello (Phytophthora cinnamomi) o la podredumbre radicular (Armillaria mellea), con el fin de tomar medidas lo antes posible y reducir así el nivel de daños que puedan provocar en la cosecha.

 

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