La familia de las vitáceas, a la que pertenece un cultivo esencial en nuestro país como la vid, requieren de una atención especial para su sanidad vegetal.

Del mismo modo que desde hace unas semanas hemos aprovechado este espacio para profundizar en las profundizar en las principales características y necesidades de protección y sanidad vegetal de los cultivos de hortalizas y verduras con una mayor presencia en nuestra superficie agrícola, como las cucurbitáceas, las rutáceas, las rosáceas o las asteráceas, por citar solo algunos ejemplos, no podemos dejar pasar la oportunidad de concentrar nuestra atención en una familia de cultivos clave para nuestra agricultura, como son las vitáceas.

Como habrás podido imaginar, la familia de las vitáceas, está formada por especies vegetales que se caracterizan por su desarrollo como arbustos o plantas leñosas, que destacan por su inflorescencia y por la formación posterior de sus frutos en forma de bayas o racimos, tal y como puedes observar claramente en el cultivo de la vid.

Las diferentes especies y variedades de vitáceas, y en concreto la vid, se adaptan preferentemente a climas cálidos, pero con la particularidad de que, para favorecer al máximo el engorde y calidad de su fruto su entorno ideal reside en aquellos territorios con un gran número de horas de sol y en los que, al mismo tiempo, existe una amplia variación térmica entre el día y la noche.

En cuanto a sus necesidades de protección en términos de sanidad vegetal, el cultivo de la vid presenta la particularidad, como ocurre con otras variedades agrícolas, de que se suele proceder a su plantación en régimen de monocultivo, lo que favorece la especialización y rapidez de proliferación de plagas y enfermedades, hasta el punto de llegar a alcanzar un carácter endémico en el territorio.

En este punto, en nuestro país es preciso prestar una atención especial a la posible aparición de plagas como la polilla del racimo, el mosquito verde de la vid o el cotonet o cochinilla algodonosa.

Del mismo modo, resultará indispensable supervisar y actuar con la mayor premura posible en el caso de que se detecte la presencia de enfermedades fúngicas, asociadas a la aparición de hongos, como el oídio, la podredumbre gris o el mildiu, especialmente en aquellos entornos marcados por una humedad elevada.

En todos estos casos, lo más conveniente será solicitar el diagnóstico de un profesional cualificado y aplicar el tratamiento adecuado en base a la amenaza detectada y el estado de desarrollo en el que esta se encuentra.

 

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